¿Se van a convertir los anuncios de comida basura en la próxima bestia negra a batir en la publicidad?


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A lo largo de las últimas décadas, varias categorías de producto fueron viendo como sus anuncios se convertían en elementos prohibidos o muy limitados. Los ejemplos más claros son los de la publicidad de bebidas alcohólicas o de tabaco, cuyas marcas tienen un margen muy limitado de maniobra a la hora de hacer marketing y publicidad. Las diferentes leyes y medidas que se han ido imponiendo en este terreno estaban destinadas a reducir el consumo de esos productos, para así proteger la salud pública.

En los últimos años, el interés legislador de las diferentes administraciones y en diferentes países se ha centrado en el juego online y las apuestas, especialmente tras el aumento de la presencia de esas marcas y de su número de usuarios, pero también en la llamada comida basura. Los datos crecientes de obesidad y el impacto notable que tienen esas campañas en los niños, considerados un grupo de riesgo, han hecho que la publicidad de comida rápida haya estado en el punto de mira. Y, quizás, el futuro pasará por reducir la presencia de este tipo de anuncios o directamente prohibirlos.

El ejemplo británico podría convertirse en un ejemplo de hacia dónde podrían ir los tiros en limitaciones de publicidad. Reino Unido acaba de implementar una serie de medidas sobre publicidad de comida rápida, que podría incluso ir un paso más allá y afectar a más canales. La administración británica acaba de prohibir la publicidad en televisión de comida basura como parte de una campaña para reducir los índices de obesidad.

Además, también ha prohibido que este tipo de anuncios se sirvan online antes de las 9 de la noche (algo que podría tener un impacto en las campañas que intentan llegar a los consumidores cuando pueden estar a punto de pedir comida a domicilio). La medida, sin embargo, podría ir a mayores: como apuntan en The Guardian, el bloqueo de la publicidad online podría pasar de ser solo con horario limitado a ser total. Como en la televisión, las marcas de fast food no podrían anunciarse en ningún momento.

No es la única medida legal que han aprobado. También van a prohibir que se posicionen en las filas de caja productos como patatas fritas, caramelos y chocolate. Esta es, no hay que olvidar, una de las maniobras recurrentes de marketing en retail para hacer que los consumidores los añadan en el último momento a la cesta de la compra.

Las medidas se completarán con la inclusión de las calorías que tiene cada producto en los menús de restaurantes, incluyendo también las calorías de las bebidas alcohólicas.

Un cambio de paradigma

En España, una propuesta de Podemos ya había pedido prohibir los anuncios de comida basura en horario infantil en 2019. Un estudio apuntaba hace unos meses que los anuncios con más audiencia entre los niños españoles son, justamente, los de comida poco saludable.

Otras acciones en otros países también han intentado reducir la exposición a este tipo de anuncios. Portugal los prohibió hace un año en zonas (tanto físicas como espacios como redes sociales) en las que estén presentes los niños y Londres había prohibido ya hace algún tiempo estos contenidos publicitarios en su red de transporte.

Estas prohibiciones marcan un cambio en el modelo. Hasta ahora, lo habitual era hacer al consumidor ‘culpable’ por comer comida poco saludable. Ahora, sin embargo, las administraciones públicas están empezando a poner el foco en los mecanismos que llevan a que los consumidores conecten con esos productos.



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