¿Por qué el cambio Zócalo-Tenochtitlán podría ser un error de wayfinding?


Durante este jueves se dijo que de manera oficial, la estación del metro Zócalo de la Ciudad de México dejará de llamarse así para adoptar un nuevo nombre: Zócalo/Tenochtitlán.

A decir de la información entregada por las autoridades de la capital del país, este cambio buscaría ser un homenaje a la historia y cultura.

La jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, aseguró que el cambio de nombre responde a un esfuerzo que busca rescatar la memoria histórica del país, al tiempo que recordó que el siguiente año se cumplen 500 años de la caída de Tenochtitlan.

De esta manera, el nombre Zócalo/Tenochtitlán será utilizado en esta estación del metro en honor a la historia previa de la conquista.

Este cambio provocó todo tipo de reacciones en redes sociales, en donde mientras algunos usuarios aplaudieron el nuevo nombre y las intenciones detrás del mismo, otros tantos calificaron el cambio de innecesario y como un mero capricho político.

Hasta el momento del cierre de esta nota, el tema se mantiene como tendencia bajo el término “Tenochtitlán” el cual ha generado cerca de 6 mil 208 tweets al respecto.

Más allá de las razones detrás de este cambio y lejos de las posturas encontradas que este movimiento ha generado, la realidad es que la modificación podría ser un error en términos de wayfinding, sistema que desde sus inicios ha guiado la comunicación en el Servicio de Transporte Colectivo Metro.

En principio es justo recordar que el término wayfinding, de acuerdo con Digital Heritage & Culture, hace referencia a “una disciplina que busca soluciones eficaces para facilitar la navegación y la orientación de las personas en espacios tridimensionales. Nacida originalmente en disciplinas como arquitectura, urbanismo, diseño gráfico y psicología cognitiva actualmente tiene una amplia aplicación en diversos ámbitos entre los cuales destaca el campo del patrimonio y el turismo cultural”.

De esta manera, hablamos de un sistema en el que el diseño tiene un peso importante para facilitar los procesos de orientación y movilidad, en donde aspectos como la percepción, cognición y la interacción entre la persona y el medio físico juegan un rol vital para lograr tal cometido.

En otras palabras, como lo refieren desde INESEM, “es la creación y el desarrollo de sistemas de información con la finalidad de orientar a las personas en medios naturales, urbanos y arquitectónicos. Dentro de esos sistemas participan numerosos elementos que las personas interrelacionan en base a sus experiencias y perciben con el objeto de poder orientarse”.

En el caso del metro, este principio fue aplicado desde sus inicios. La intención siempre ha sido que detrás de cada uno de los iconos que dan rostro a las estaciones, se encuentre un estudio antropológico y un estudio socio demográfico para conocer el perfil local de cada zona incorporada al sistema, con la intención de crear la asociación deseada para mejorar la movilidad y orientación.

Aunque hasta cierto punto la adición de la palabra “Tenochtitlán” al nombre de la estación “Zócalo”  corresponde a estas defecciones si consideramos la historia y lo que el representa el lugar en donde se encuentra esta estación en términos históricos, lo cierto es que siendo puristas a los principios de wayfinding, el movimiento podría ser un error.

Desde el INESEM puntualizan que un sistema efectivo de wayfinding se caracteriza por:

No hacer pensar a las personas, utilizando un sistema de comunicación comprensivo, claro y consistente.

Mostrar sólo lo necesario y relevante en el espacio y durante el trayecto.

Eliminar la información excesiva e irrelevante.

En este sentido, si bien para el grueso de los mexicanos el término “Tenochtitlán” tiene un valioso significado histórico y cultural, la realidad es que en su conjunto el nuevo nombre de la estación “Zócalo/Tenochtitlán” puede generar confusión y está lejos de la premisa que dicta que un buen wayfinding se aleja de “información excesiva”.

Sólo el tiempo dirá si el cambio es fácilmente reconocido por los viajeros quienes en la experiencia de otras estaciones que han cambiado sus nombres (como Etiopía que ahora es Etiopía- Plaza de la Transparencia) no han logrado memorizar las adiciones a estos nombres.





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