Lo que El Ministerio del Tiempo enseña sobre la importancia de lo transmedia 


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Si el estreno de la semana pasada del primer capítulo de la última temporada de El Ministerio del Tiempo hubiese ocurrido fuera del confinamiento, es posible que en mi entorno inmediato – que incluye a no pocas personas que siguen la serie – se hubiese hecho una quedada para ver el episodio en alguna casa. Como el estreno fue durante todavía la fase cero, la quedada se hizo en Whatsapp, comentando lo que se estaba viendo y no pisando Twitter hasta que no terminó la emisión. Cuando eso ocurrió la serie era trending topic y se estaba comentando de forma masiva en esa red social.

Analizar el éxito de El Ministerio del Tiempo y su impacto en la cultura popular no se puede hacer siguiendo la tónica de lo ‘tradicional’ en la televisión. En el día después del estreno de esta nueva temporada, por ejemplo, aparecieron un par de titulares sobre sus bajas audiencias, aunque lo cierto es que esos datos no daban una foto completa.

La serie no tiene una audiencia muy elevada tradicional, aunque ya nada, en realidad, la tiene, más allá de contenidos muy específicos ligados a momentos clave (y aun así se podría discutir si la audiencia televisiva clásica que logró la serie fue o no alta). Según las mediciones globales de TV Time, que se suelen emplear como baremo para comprender qué interesa a los espectadores en el mundo de los contenidos en la era del VoD, El Ministerio del Tiempo ha sido una de las diez series que más ha subido en interés entre los espectadores en la primera semana de mayo. El crecimiento fue del 72,2%.

Una foto del rodaje de la última temporada, publicada en redes sociales por la serie

De hecho, El Ministerio del Tiempo ha sido uno de los ejemplos más claros de la televisión en España de que medir las audiencias como se hacía hace 20 años carece de sentido en el contexto televisivo de ahora. La serie es el ejemplo perfecto de cómo han cambiado las audiencias y cómo los grandes éxitos ya no sientan a millones de espectadores frente al televisor a una hora concreta. La serie tiene un elevado éxito en vídeo bajo demanda y ha logrado llegar a muchos espectadores vía streaming.

Pero más allá de cómo la serie ha ejemplificado el cambio en cómo funcionan las audiencias, también lo ha hecho en cómo se debe conectar con ellas. El Ministerio del Tiempo no es la primera serie que crea un universo transmedia y que lo aprovecha para conectar con sus audiencias, pero sí uno de los ejemplos del poder de esta estrategia (y posiblemente una de las grandes pioneras en España de este tipo de acciones, antes de que las plataformas VoD se hiciesen fuertes en el mercado y lo empleasen de forma más habitual).

Convertir al espectador en prosumidor

Como explican en uno de los capítulos del libro colectivo Dentro de El Ministerio del Tiempo, publicado en 2015 analizando los primeros años de la serie, desde un primer momento apostaron por una estrategia transmedia. RTVE contaba entonces ya con un equipo especial para este tipo de acciones, su Laboratorio, que asentó unas bases paralelas en la red antes incluso de que la serie se estrenase en televisión.

Desde entonces, El Ministerio del Tiempo ha contado y ha protagonizado una intensa presencia en redes sociales y en general en internet (no es solo que la gente tuitee sus opiniones sobre los capítulos, es que además escriben fanfics, hacen dibujos y crean comunidades propias para hablar de las diferentes temporadas). Es, como apuntan en el libro, un salto. “Pasaron de ser meros consumidores a activos prosumidores”, se lee en uno de los capítulos.

Es cierto que con esos movimientos los responsables de la serie pierden el control total de la conversación, pero esto es algo que ocurre de forma general con los éxitos en internet y algo que refuerza el sentido de comunidad.

En uno de los últimos movimientos en redes sociales, por ejemplo, compartieron una plantilla para hacer memes siguiendo la idea que habían arrancado desde una de las cuentas de Twitter de un grupo de seguidores. Los propios espectadores son quienes acaban haciendo gifs, memes y elementos virales y que con ello amplifican el alcance de los contenidos.

Ya nada funciona de forma limitada

Además, esto demuestra también cómo han comprendido que nada funciona en compartimentos estancos (algo que a las empresas en general les cuesta comprender). Por mucho que sea una serie de televisión que ha comprado una cadena tradicional, no viven en el vacío.

No solo se trata de que la serie cuente con una elevada audiencia bajo demanda y en la red, sino que además internet es una pieza más de lo que deben hacer para conectar con su público. La temporada actual no arrancó directamente con el capítulo de televisión que se emitió a principios de marzo: tuvo una precuela de unos diez minutos pensada directamente para el universo online.





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