Las Fake News manipulan el juicio de las personas y las hace vulnerables ante el pánico y el miedo que provocan


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Los profesionales de la salud pública enfrentan desafíos únicos al desarrollar e implementar la comunicación de riesgos en tiempos de emergencias, ya que hay información limitada sobre la naturaleza de la amenaza (incluidos datos limitados sobre mortalidad y morbilidad, modos de transmisión y medidas de prevención), tiempo de respuesta limitado, el potencial de graves consecuencias para la salud y la economía, la publicidad de los medios y la preocupación pública.

Todos estos factores se unen y se entrelazan con las diversas características sociales e individuales de la audiencia al desarrollar una estrategia de comunicación de riesgos de emergencia. La necesidad de planes de comunicación efectivos que permitan una comunicación coherente, creíble y oportuna y la participación de la comunidad durante emergencias de salud pública se considera cada vez más como parte integral de la respuesta y planificación de emergencia.

Guy Berger, director de Políticas Estratégicas de Comunicación e Información de la UNESCO, afirma que los rumores e información falsa, que se vuelve viral, provocan que las personas piensen que las medidas higiénicas son exageradas, así la población se expone de manera inminente ante el virus.

El miedo

El miedo se considera una emoción primitiva, ya que es la emoción que nos preserva ante los peligros inminentes. Desde una perspectiva neurológica, nos obliga a dar respuestas inmediatas y no razonadas ante elementos que amenazan nuestra supervivencia. Esto puede derivar en caos o impulsar decisiones apresuradas y erróneas.

Que el virus del COVID-19 se haya “fabricado” en un laboratorio, que se haya propiciado porque comieron “sopa de murciélago”, o que se trate de “un arma química”, o bien que el bicarbonato con limón es “la cura”, son ejemplos, de que la información no verificada ciertamente aleja a las personas de las mejores soluciones y medidas de preservación ante esta pandemia.

En medio de esta crisis, la información confiable es crucial para la preservación de la salud, por lo que es indispensable invitar a la población a documentarse y verificar las fuentes, además de realizar un análisis y reflexión antes de viralizar cualquier dato en las redes sociales.

Medidas como la sana distancia, la higiene, el uso del tapabocas y la correcta desinfección en los hogares y establecimientos, deben de ser los mensajes claros, emitidos por parte de las instituciones internacionales y nacionales, a fin de salvar más vidas.

Por lo que, Michael Ryan, encargado del Programa de Emergencia Sanitaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha solicitado a los gobiernos hablar claro para que la población se proteja.

La necesidad de planes de comunicación efectivos que permitan una comunicación coherente, creíble y oportuna y la participación de la comunidad durante las emergencias de salud pública se considera cada vez más como parte integral de la respuesta y planificación de emergencia.

Teniendo en cuenta la diversidad de la población al desarrollar planes de comunicación de riesgos se ha demostrado que mejora las capacidades de comunicación de riesgos de las agencias de respuesta y, en última instancia, la efectividad de la respuesta, especialmente en comunidades con capacidad local limitada.

Esta lección fue reforzada por la experiencia de brotes de pandemias internacionales recientes de enfermedades y virus como el SARS, el MERS, la gripe aviar y el H1N1 cuando los constructos de comunicación de riesgos estratégicos, como la conciencia pública, la exposición a los medios y el conocimiento sobre amenazas específicas, se identificaron y evaluaron con mayor detalle.

Los estudios confirmaron que el conocimiento de los informes de los medios sobre las amenazas actuales, la exposición general de noticias, las actitudes y creencias de las personas y el conocimiento de las personas sobre una amenaza específica se asocian positivamente con el conocimiento de una persona sobre una amenaza específica y su adopción de comportamientos de prevención recomendados.

La comunicación pandémica

El aumento de la conciencia por sí solo puede no ser suficiente para impulsar una acción preventiva, particularmente entre diversos grupos. La comunicación pandémica debe contener información clara y comprensible sobre la pandemia ofrecida a través de canales de medios confiables y de acceso común, como las redes sociales, la televisión nacional y local.

La personalización de los mensajes sobre el riesgo para el público objetivo y la comunicación de estos mensajes a través de los canales de información adecuados son fundamentales para llevar a cabo una campaña de comunicación efectiva.

Las personas con menor educación y menores ingresos tenían menos probabilidades de tener conocimiento de una pandemia, lo que indica la presencia de desigualdades de comunicación en la conciencia de pandemia entre estos subgrupos.

Se necesita más investigación sobre la conciencia y el conocimiento de futuras pandemias en una muestra diversa de baja SEP para comprender mejor el impacto de las desigualdades de comunicación y cómo abordarlas a través de campañas de levas dirigidas.

Los hallazgos actuales indican la necesidad de prestar atención a los segmentos que pueden no estar buscando activamente información y entregarla a través de los canales que utilizan. Dado el hecho de que pocas personas informaron que habían aprendido por primera vez sobre MERS a través de las redes sociales, los datos sugirieron que los medios nacionales como la televisión siguen siendo importantes y las redes sociales, al menos en tiempos de pandemias, parecen ser menos efectivas. La comunicación de riesgos de emergencia debe ser estratégica, basada en evidencia y debe tener en cuenta la desigualdad potencial de comunicación.

En ese estudio, el conocimiento de pandemias previas se asoció significativamente con el conocimiento de una nueva amenaza, MERS y niveles de conocimiento más altos al respecto. Se encontraron disparidades raciales en los niveles de conocimiento y conocimiento de MERS. No hubo evidencia de que haber escuchado sobre las pandemias que ocurrieron antes del MERS tuvo un efecto de “el niño y el lobo”, en el que las personas ignoraron la información sobre el MERS. Sin embargo, se descubrió que las personas que eran más jóvenes, tenían ingresos más bajos o tenían menos de una licenciatura tenían más probabilidades de informar que no tenían conocimiento de pandemias anteriores en comparación con sus contrapartes.

Las redes de televisión nacionales y locales fueron las fuentes de información más utilizadas de las cuales la gente escuchó por primera vez sobre MERS. Este hallazgo es consistente con estudios previos, en los que se descubrió que las redes nacionales de noticias y / o las estaciones locales de televisión de noticias eran los canales más efectivos a través de los cuales transmitir mensajes de salud pública, mientras que el impacto de las redes sociales era sorprendentemente pequeño.



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