La estantería de libros, la nueva piedra angular de la marca personal en la era del Coronavirus


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Hace unos días circuló por Twitter un tuit hablaba de un viral. Desmontaba una historia que se había repetido hasta el aburrimiento siendo falsa, hasta que pasó a ser sorprendentemente verdadera. En la red social había circulado el que en Amazon se vendían fondos de biblioteca, que la gente compraba para quedar bien en las videollamadas profesionales. En un principio esos fondos no se vendían y era todo una broma, pero alguien vio en el viral una oportunidad y los fondos de videollamada llegaron a la tienda online.

La historia sirve para demostrar cómo circulan las ideas en la red, pero también como una muestra más de uno de los elementos que se han convertido en claves en marca personal durante la pandemia. Si hasta ahora la marca persona dependía de nuestra proyección en redes sociales, de cómo nos comportábamos en los momentos de networking o hasta de nuestra etiqueta en el envío de mails, ahora depende también del fondo literario que tengamos en casa.

Dado que los vídeos online y videollamadas se han integrado en nuestro día a día y en nuestra relación profesional con los demás, se han asentado como una pieza más de cómo nos proyectamos a los demás. Nuestros contactos profesionales tienen, de pronto, una oportunidad como nunca antes habían tenido para cotillear en nuestra vida privada y la cámara del ordenador deja ver paredes, decoración y diseños de espacios.

En ese escenario, parece claro que muchos han optado por la estantería de libros como el fondo menos malo y el que mejor transmite quién queremos vender que somos. La ubicuidad del uso del fondo de estantería de libros ha hecho que ya hayan aparecido incluso cuentas en Twitter que se dedican a analizar los fondos librescos de la gente que sale desde sus casas por la televisión.

El libro como garantía de ser un experto

El uso del fondo biblioteca casera es, como explican en The New York Times, un movimiento para demostrar que se es “parte de la clase experta”. Esto es, posicionarse delante de los libros no es una elección al azar, sino una que busca reforzar la visión de que se es un especialista en una cierta materia y una persona con una cierta cultura.

Al fin y al cabo, eso es lo que asociamos a la gran presencia de libros, que quien tenemos al otro lado debe ser alguien con conocimientos. De hecho, apuntan, cuando Joe Biden, el candidato demócrata que competirá por la presidencia estadounidense en las próximas elecciones en el país, volvió a aparecer tras unos cuantos días fuera de la vista pública lo hizo delante de una estantería gigantesca con títulos bien seleccionados para transmitir una cierta imagen.

Por supuesto, a la hora de crear imagen y marca personal, no todos los libros valen. Desde el punto de vista literario, esa es una afirmación sin sentido. Desde el punto de vista de transmitir valores de marca vinculados a la persona, tristemente, no tanto.

La imagen escogida tiene mucho de postureo, así que la selección bibliográfica será acorde a lo que se quiere vender. En imagen no se va a colar El Código Da Vinci, pero sí algunos ensayos sesudos sobre el tema en el que la persona quiere posicionarse como experta o, en todo caso, literatura, pero de la que entra en los rankings literarios.





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