Golpe contra la obsolescencia programada  y la estrategia de Apple de empujar a los consumidores a comprar y renovar


PuroMarketing: Noticias de marketing, publicidad y marcas en Español

Los fabricantes de smartphones son unos de los recurrentes protagonistas en los análisis y las críticas sobre la obsolescencia programada y uno de ellos acaba de sufrir un revés vinculado. Apple acaba de pactar cerrar una demanda vinculada a esas prácticas.

Apple no ha reconocido que haya hecho algo mal, pero eso es lo habitual, como recuerdan en The New York Times, cuando las compañías llegan a acuerdos para cerrar demandas colectivas. Eso es justamente lo que acaba de pasar en Estados Unidos: Apple ha cerrado un acuerdo en Estados Unidos – acuerdo pendiente de aprobación por un juez – con los consumidores que los habían demandado en EEUU. Los demandantes los acusaban de forzar la mano de sus consumidores impulsando la obsolescencia de sus productos. Cuando un iPhone nuevo aparecían en el mercado, los modelos que llevaban años en el mercado eran ralentizados.

Apple aseguró en 2017 que no era una cuestión de obsolescencia, sino de mantenimiento del funcionamiento de esos modelos. Entonces, Apple ya se enfrentó a una crisis reputacional vinculada a lo que había ocurrido y lanzó una campaña de cambios, empezando por ofrecer cambios en las baterías a los consumidores afectados y ser más transparente con sus clientes. A pesar de ello, la cuestión acabó con una demanda en EEUU y Apple ha acabado aceptando pagar una indemnización. Cada consumidor afectado que se una a la demanda recibirá 25 dólares por dispositivo, lo que le costará a Apple entre 310 y 500 millones de dólares.

Pero lo interesante de este acuerdo judicial no es tanto que Apple sea la virtual perdedora de la situación, sino que es una muestra visible del empuje de los consumidores contra la obsolescencia programada y contra el uso de estas prácticas por parte de las compañías. Dado además que los consumidores son cada vez más conscientes del impacto que el consumo tiene en el entorno y de cómo genera residuos y más residuos, son también cada vez más sensibles ante el impacto que tienen este tipo de comportamientos por parte de las grandes empresas.

Lucha contra la obsolescencia

De hecho, no se trata solo de los consumidores y de sus intereses, sino que la obsolescencia programada y la lucha contra comportamientos como el que se le atribuyen a Apple ha llegado ya a niveles mucho más altos. Algunos países europeos, como Francia, cuentan ya con leyes claras contra la obsolescencia programada y la Unión Europea la ha puesto en el punto de mira. En 2021, en diversos nichos del mercado de los electrodomésticos, Europa obligará a usar ciertas pautas de ecodiseño y para funcionar en la economía circular. No lo tendrás que tirar y lo podrás reparar o reutilizar.

A eso se suman otras acciones. Apple ya había sido multada en Italia con 10 millones de euros por el caso de los iPhones que se ralentizan (las autoridades italianas también habían multado a Samsung por algo similar).

¡Compra, compra!

Las compañías tecnológicas se han convertido, de hecho, en uno de los ejemplos más claros de las diferentes técnicas que siguen las empresas para hacer que sus productos dejen de ser ‘modernos’ y usables.

Más allá de los problemas que van acarreando con el paso del tiempo y a medida que se van quedando viejos (el caso de las impresoras es uno de los habituales que muestran las organizaciones de consumidores), las compañías tech son grandes maestras en el uso de la presión psicológica como motivador para el cambio de producto. Es la llamada obsolescencia psicológica. Cada año lanzan un modelo nuevo, aparentemente mejor, que crea la presión por hacerse con la última versión y hace sentir al consumidor que la anterior ya no funciona.

La obsolescencia programada tiene una larga historia, una vinculada con el intentar mantener el ritmo de venta y la rotación en el punto de venta. En los años de la Gran Depresión, se necesitaba que los consumidores estuviesen ‘obligados’ a comprar. Las medias de nylon de los años 20, por ejemplo, eran prácticamente irrompibles. Las de hoy están a años luz de serlo.



Publicado tambien en

    Leave Your Comment Here