¿Golpe a los trucos de marketing en el supermercado? Ya no podrán jugar con los precios de productos básicos para impulsar el consumo 


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Los planes normativos que el nuevo Gobierno ha puesto en marcha están, de manera directa o indirecta, teniendo un impacto en la estrategia de publicidad y marketing en varios sectores. La publicidad de las casas de apuestas y el juego online ha sido la protagonista de una iniciativa propia normativa, pero ahora lo que podría cambiar es la publicidad y los trucos de marketing que los supermercados emplean para vender más y para conectar con los consumidores.

El gobierno acaba de aprobar en el Consejo de Ministros un Real Decreto-ley con un paquete de medidas en el terreno de la agricultura, la pesca y la alimentación. El objetivo era el de apoyar al sector agrario.

La normativa tiene puntos que impactan en los precios y en la regulación del sector, pero también tiene un impacto en algunas de las estrategias comerciales que sigue la industria de la alimentación para vender. Como explican en la nota de prensa de presentación del decreto, la normativa “prohíbe la venta a pérdidas, regula las promociones comerciales “para que no haya campañas engañosas””.

Lo que limita

Esto impedirá vender productos a precios muy bajos, que ahoguen a los productores (son, por ejemplo, quejas que tienen sectores como el lácteo), pero también desactivará algunas de las herramientas de promoción que usan las cadenas de supermercados para impulsar el consumo.

“Para evitar la banalización de los productos, se exige que el lanzamiento y desarrollo de promociones, que se realicen en el ámbito de aplicación de la ley de la cadena alimentaria, se basen en un marco de acuerdo y libertad de pactos, interés mutuo y flexibilidad para adaptarse a las circunstancias particulares de los distintos operadores”, explican en la presentación de la norma. Las promociones no podrán tener un impacto en cómo los consumidores perciben el producto y su valor ni su calidad y tampoco podrán crear una imagen distorsionada de su precio.

Por ejemplo, y esta fue una de las muestras que el propio ministro de Agricultura, Luis Planas, señalaba en la presentación de las medidas, ya no se permitirá regalar una botella de aceite de oliva a quien compre dos cajas de detergente, porque con esas promociones se devalúa la percepción del precio y el valor del aceite.

Este tipo de acciones son habituales en los supermercados, que usan productos que los consumidores quieren o consumen de forma habitual como elemento para captar la atención de los consumidores y sus patrones de gasto.

Usar precios bajos para impulsar el consumo

Igualmente, los precios de los productos más habituales de la cesta de la compra se usan como señuelo para captar la atención de los compradores. Se vende con márgenes muy reducidos, pero con ello se crea la idea de que ese supermercado es muy barato y se beneficia el resto del cesto de la compra. El caso de la leche es uno de los mejores ejemplos de este tipo de prácticas. Los supermercados tiran los precios de la leche, para así usarlas como faro para atraer a los consumidores.

En la campaña de la vuelta al cole, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos acusaba a varias cadenas de supermercados de llevar los precios de la leche a mínimos para captar consumo. Los responsables de la asociación hablaban de “una banalización de un producto alimentario por su utilización como producto reclamo para atraer clientes a sus establecimientos en base a promociones con precios por debajo de costes”.

La diferencia en los cartones de leche entre aquellos precios ultrabajos de supermercado y aquellas marcas que pagan un precio justo a sus productores puede llegar, sin problemas, a los 20 céntimos. Sin embargo, vender la leche a unos 50 céntimos el litro la pone a prácticamente precio de coste.



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