¿Está sirviendo la crisis del coronavirus para asentar y fomentar los pagos móviles? 


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Durante las semanas de medidas de confinamiento y distancia social más duras, los consumidores se acostumbraron a poder pagar sin efectivo en todas partes. Desde la panadería del barrio hasta el supermercado de mayor tamaño, todos insistían con letreros bien visibles en que preferían el pago con tarjeta. El efectivo estaba proscrito, porque se querían reducir los contactos entre vendedores y consumidores. Según datos de Qonto, durante el confinamiento los pagos en efectivo de las empresas cayeron en un 47% y aumentó el uso de tarjetas virtuales.

Tanto fue así, de hecho, que la crisis supuso un impulso a las formas de pago alternativas. Básicamente, fue un crecimiento y un impulso al pago con tarjeta, pero también de rebote a los sistemas de pago móvil.

Los pagos móviles llevan existiendo ya unos años y, en los más recientes, se estaban empezando a perfilar como ‘el método de pago del futuro’. A su favor tienen que son rápidos y cómodos y que usan como elemento clave algo que ahora mismo los consumidores llevan siempre encima, sus teléfonos móviles.

Dado que hasta los smartphones de más baja gama tienen capacidades cada vez más complejas, es cada vez más habitual que tengan NFC, la tecnología que permite emplear el móvil para pagar usando un TPV como ocurre con las tarjetas con chip.

En España, en 2018, se pagaba con el móvil de media 363 euros al año. Las previsiones eran las de que estas formas de pago creciesen de ahí a 2020, pero un estudio hace unos meses aún apuntaba que los consumidores españoles seguían teniendo miedo a pagar con el móvil. Un 21% aseguraba que no confiaba en el sistema y un 34% que le daba miedo. Los datos eran mejores que en el año anterior, eso sí, y muy distintos si se ponía el foco en los consumidores más jóvenes.

Pero la necesidad hace virtud: igual que las pequeñas empresas tuvieron que dejar de remolonear para aceptar los pagos con tarjeta, los consumidores han descubierto el potencial de pagar con el móvil para salir de casa con menos cosas y tocar las menos posibles también.

Según datos de BuyShares, la previsión está en que la crisis del coronavirus haga que la industria de las wallets móviles crezca casi un 50% durante este año en valor a nivel global. En todo el mundo, las transacciones crecerán en un 38,7% este año.

Los datos del mercado móvil

Desde la app de pagos móviles Verse, por ejemplo, concluyen que el “inicio de la desescalada ha coincidido con la apuesta definitiva del pequeño comercio por las aplicaciones de pago vía móvil”. Según sus datos, en mayo vivieron un crecimiento del 300% de las transacciones. Las empresas que lo asumieron lo hicieron porque buscaban un método de pago rápido, directo y seguro.

No es la única app de la que se pueden tener datos. Bizum, la app de pagos móviles que está integrada con muchos bancos españoles, anunció a principios de mayo que había llegado a la cifra de 8 millones de usuarios. Entre marzo y abril, creció a un ritmo de medio millón de usuarios al mes y, tras un frenazo de los pagos entre particulares los primeros días del confinamiento, las transacciones se dispararon. Las tiendas online que permitían pagar con Bizum se multiplicaron de forma masiva. De las 700 con las que cerraron abril, 400 se habían dado de alta ese mes. Como está lanzando campañas de apoyo al comercio local (la e-Bolsa Bizum), es posible que esta penetración crezca.

Y hasta un player clásico del mercado de los pagos online ha lanzado durante esta crisis un sistema de pagos móviles: PayPal incorporó a su app móvil una función de códigos QR para pagar en tiendas físicas sin contacto.

Por tanto, las compañías del sector se han lanzado a aprovechar la oportunidad. La gran cuestión está en si, cuando todo esto pase, los consumidores seguirán respondiendo a la idea de los pagos móviles y usándolos de forma recurrente.



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