¿Es bueno endeudarse en tiempos de crisis?


Uno de los errores más comunes en la administración de nuestras finanzas es asumir deudas de las que luego nos arrepentimos porque el dinero se nos acaba y no resolvimos el problema de fondo, otras veces contraemos una deuda para pagar otra deuda, un crédito para pagar otro crédito, algo así como “tapar un hueco con otro hueco”, y acá surge la pregunta ¿hice bien asumiendo esta deuda? ¿la deuda es buena o es mala?

En la columna de la semana pasada hablaba de cómo mejorar nuestras finanzas personales, cómo disminuir nuestras deudas, cómo lograr tener una mejor relación con el dinero. Asumamos que pusimos en práctica el Método de Cascada del que allí hablé y disminuimos nuestras deudas, pasamos de tener nuestro flujo de caja negativo a tener uno con saldo positivo, y ahora tendríamos la oportunidad de asumir nuevas deudas, ¿qué hacemos en este caso? ¿qué deudas deberíamos tomar? ¿cómo distinguir una deuda buena de una deuda mala?

Si tuviésemos que conceptualizar las deudas, podríamos decir que las deudas buenas o de inversión son aquellas que en el futuro nos traerán algún beneficio, llámese monetario, como un emprendimiento, el pago de los estudios de algún miembro de la familia o la compra de algún inmueble, es decir, aquellas que se revalorizarán en el tiempo. Por su lado, las deudas malas o de consumo son aquellas que no nos traerán nada de provecho, como por ejemplo adquirir prendas y vestidos no esenciales, la compra de un automóvil que no nos hace falta, en fin, aquellas cuyos bienes adquiridos pierden valor con el paso de los años.

La asunción de deudas para la adquisición de activos no siempre es un buen negocio ya que no necesariamente conlleva un beneficio económico, por ejemplo la compra de un inmueble cuyos costos de mantenimiento no podemos cubrir con nuestros ingresos fijos y que luego lamentablemente tenemos que vender por debajo del precio de compra porque no lo podemos mantener, otra es asumir una deuda para comprar tecnología, ya que es bien es sabido que su tiempo de obsolescencia es casi inmediato: al año ya salió una mejor versión y la nuestra no valdría casi nada y estaríamos pagando cuotas de financiamiento sobre algo ya en desuso u obsoleto.

Hay algunas deudas que asumimos con nuestro entorno y que desde mi punto de vista son las más importantes de cubrir, porque ellas las obtenemos empeñando nuestra palabra, como aquellas que les pedimos a nuestros amigos, colegas, jefes, familiares, entre otros. Una vez escuché decir que la forma mas rápida para perder un amigo es prestarle dinero, y ese es un gran error, las deudas no escritas, aquellas que obtenemos de palabra y donde nuestra honorabilidad es la que está de por medio son las primeras que debemos cumplir.

En tiempo de crisis nuestro enfoque debe ser únicamente asumir deudas de inversión, aquello que en el futuro se revertirá en ingresos que no sólo me permitirán cubrir el costo de la deuda, sino que me dejará algún tipo de utilidad o rendimiento. En el caso de los estudios, es evidente que mientras más preparados estemos como seres humanos y como profesionales mayores serán los ingresos que podré recibir porque mi currículo valdría más en el mercado laboral.

Ahora, ¿cómo saber si la deuda es buena o es mala de manera rápida? Hagámonos las siguientes preguntas: ¿Qué valor agregado me va a dejar esta deuda? ¿ganaré dinero con ella? ¿qué beneficios me traerá si la asumo? ¿tengo claro el destino que le voy a dar a estos fondos?

No olvidemos que el negocio del que presta dinero es ese, prestar dinero, ofrecerte deudas de una manera muy sencilla y de fácil acceso para que te veas tentado a tomarlas, pero quien al final tiene que pagarlas a toda costa eres tú, entonces pensemos, ¿yo también gano asumiendo esta deuda? Esta pregunta nos ahorrará muchas noches de insomnio y malos ratos por tomar deudas que no debimos haber tomado.

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