Cómo hacer marketing veraniego en el año sin verano


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Cierto es que este año verano, lo que se dice verano, hay. No estamos como en ese mítico 1816, cuando las consecuencias de una explosión de un volcán dejaron a medio mundo sin verano. Las temperaturas se desplomaron, los días siguieron siendo otoñales e invernales y el buen tiempo nunca llegó, lo que hundió las cosechas y lastró la situación en una Europa que aún se estaba reponiendo de las guerras napoleónicas. Este año sí tenemos verano, con buenas temperaturas, días de sol y el atractivo de las playas.

Pero, aunque no hemos acabado de pasar por las guerras napoleónicas, sí estamos en una situación inusual y en la resaca de uno de esos ‘momentos históricos’ con graves consecuencias. La crisis del coronavirus ha puesto todo patas arriba, ha complicado las cosas de forma notable y ha tenido un efecto directo en la economía, la sociedad y hasta en nuestras ganas de consumir.

Las posibilidades de ir a esas playas y de disfrutar del verano se han reducido para muchos, ya sea por cuestiones económicas, por los límites que quedan a la movilidad o por el temor al coronavirus, que sigue todavía presente.

Por tanto, la gran cuestión es la de cómo se puede hacer marketing veraniego – o incluso hasta si se debe – en un año como este con un verano que no es al uso. En un verano tradicional, había que insistir en que el marketing no debe tomarse vacaciones y hasta cómo podía ser una oportunidad para la empresa para abrir nuevas oportunidades y llegar a nuevos consumidores. El verano era, además, el momento en el que muchos productos y muchas compañías sacaban su artillería pesada. Era el momento tradicional para los anuncios de helados y cremas solares y para las ediciones veraniegas de packaging de productos.

A mediados de junio, los anuncios veraniegos habían vuelto, usando los mismos clichés de todos los años aunque con un toque relacionado con la situación en la que nos encontrábamos. Había señoras al fresco, gente en piscinas y hasta un hombre en bañador bailando feliz que se iba “pa’la playa”. Eso sí, estaba en una playa en la que la única presencia humana que no era la suya era un barco en la lejanía. Nada de montones de veraneantes pisando la toalla.

Ante todo, sí, se necesita marketing

Si algo se puede aprender de las campañas de años anteriores y de lo que ha ido dejando claro, es que sea como sea y pase lo que pase el marketing debe continuar. Los marketeros lo aprendieron durante la crisis del coronavirus también. Los consumidores querían seguir viendo anuncios y, en esos momentos de zozobra, querían tener más presentes a las marcas, querían que les contasen qué hacían y que compartiesen la experiencia con ellas.

Así pues, aunque este año no sea un verano al uso y no se pueda recuperar la campaña estándar que se hubiese usado en una campaña veraniega, los marketeros no deben hacer un apagón y no deben, simplemente, dar el verano por perdido. Deben seguir haciendo marketing y seguir haciendo marketing veraniego, solo deben ser conscientes del momento en el que lo están haciendo y de lo que sus consumidores aceptarán o no.



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