A la lista de muertos por causa del coronavirus habría que añadir, ya, a la ANP y a CICOM » El Publicista

Técnicamente, una persona puede declararse muerta cuando, después de un equis tiempo, no presenta más signos vitales.

En términos legales y en cuanto a instituciones, ese equis tiempo es de 5 años. Que recién se están cumpliendo en el caso de la ANP (Asociación Nacional de la Publicidad) y del Consejo de la Industria de la Comunicación Mercadotécnica (CICOM).

En el primer caso, después de cinco años en lo que su entonces presidente, Gerardo Reyes Guizar, saqueó las arcas, vendió la casa y se gastó ese dinero y agotó los créditos de la ANP, forzado por los medios, el pillo finalmente renunció y, en un remedo de ceremonia en el que ni siquiera pudo hacer cuentas, entregó la Asociación a quien se supone aún es su presidente, a Clemente Cámara Rojas.

Se suponía, en 2015, (¿o fue en 2014?), que la ANP era una especie de joya de la corona en el ejercicio profesional de la comunicación, ya que era la asociación más antigua de todo el país, (en esta década de los veinte veinte cumplirá cien años) y poseía, por lo mismo, toda la tradición necesaria para revivir viejos lauros. Pero no fue así. Las fechorías de Gerardo fue una losa demasiado pesada y ya pasó un bien tiempo, de hecho cinco años, sin que nadie pudiera revivirla. Y miren que me consta que hubo no pocos, pero infructuosos, esfuerzos.

Por su parte CICOM, aunque es una magnífica idea, se puede decir que nació con mala suerte. Las politiquerías y falta de un programa de trabajo concreto le fueron restando poder e influencia hasta que, finalmente, Arturo Huerta le cedió la presidencia a Lorena Carreño, quien realmente no estaba capacitada para el puesto.

Ella tuvo la mesa puesta porque incluso recibió una caja con cien mil pesos. Y no supo emplearlos. Tuvo la guía y los consejos de muchos gurúes de este gremio y a ninguno le hizo caso. Trató de contratar a Gerardo Guerrero, (q.e.p.d.), quien sin duda hubiera sido un magnífico gerente para CICOM, pero ella nunca concretó nada. Y que conste que tenía los dineros para pagarle un buen salario. Todo ello ha sucedido de cinco años para acá: un lustro en el que CICOM no dio la más mínima señal de vida por lo que sin ningún género de dudas podemos declararla muerta.

¿Y qué va a pasar ahora…?

La pandemia de desinformación provocada por el coronavirus, que además vino a descubrirnos un gobierno incompetente en todos sentidos, debe servir a la industria y al gremio para darnos cuentas de que ahora, como nunca antes, urge la unidad entre todos.

Urgen nuevas asociaciones a las que la gente no vaya a ver qué saca, sino qué puede aportar. Ya no instituciones con las ideas y los propósitos de la ANP o CICOM. No, ya no. Ya no porque ahora los tiempos son otros y los retos son muy distintos. Urgen profesionales con espíritu gregario, que entiendan que unidos somos más fuertes y que, por lo mismo, estén dispuestos a ciertos sacrificios personales a cambio de nuestra fortaleza como grupo.

¿Quién dice yo?       

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